El día de un repartidor de Plataformas Digitales

Por: Edgardo Luis Ortega Mercado.

Conocí a Martín* un fin de semana, mientras trataba de protegerse de la lluvia en la terraza de una cafetería. No tenía impermeable, tampoco paraguas, sólo un buzo, su bicicleta y una gran maleta negra. Él tiene 20 años y es repartidor de una App de domicilios en la ciudad de Bogotá. Trabaja de lunes a domingo, siempre va con prisa y esquivando el tráfico para entregar a tiempo los almuerzos, los medicamentos o cualquier otra encomienda que le pidan llevar.

Hoy es viernes, son las 11:00 a. m. y aunque suene extraño, Martín ya está almorzando, se prepara para iniciar su jornada de trabajo, comenzará tarde porque la App lo puso “a descansar”; es decir, por su puntuación en la plataforma no pudo reservar tiempo para trabajar en la mañana.

Al medio día ya está trabajando, aguarda sentado en un andén frente a un centro comercial a que le llegue un pedido. Aunque la espera puede ser prolongada, de más de tres horas, esta vez su primera orden llegó a los 25 minutos de conectarse. Se apresura a aceptarla sin importar el valor que le pagarán o la distancia que deberá recorrer, pues si la rechaza puede que no le asignen otra en un buen tiempo.

Al llegar al restaurante y comunicar que va por un pedido, le indican que espere, que aún no está preparado. Después de varios minutos, Martín se comunica con el cliente y le informa que su encargo no está listo, que no se lo han entregado. Esto lo hace para que el comprador se entere de la situación y no lo vaya a afectar con una calificación negativa.

Después de 20 minutos más recibe lo esperado. Martín toma su bicicleta y sale a toda prisa a entregar la orden, toma la vía principal porque en la zona no hay ciclo ruta, sabe que se expone por el alto flujo vehicular, la poca tolerancia de algunos conductores y el mal estado de las vías, por lo que va alerta. Después de otros 15 minutos está de regreso, finalmente todo salió bien. Cansado y sudado, pero el pedido entregado.

Para recibir su segundo pedido tiene que esperar una hora debajo de un árbol. Se sienta en la terraza de un edificio protegiéndose del abrasador sol de mediodía, pero la persona de seguridad del lugar le pide retirarse. Esta vez Martín tiene que entregar varias docenas de refrescos, lo que considera una carga inadecuada para llevar en la espalda y en una bicicleta, pues el peso le puede causar una lesión o hacerle perder el equilibrio. Aun así, él lo hace, ya que se debe ganar lo del día. Entregando comida, se hace su comida.

Cuando este joven repartidor está en sus extensos periodos de espera, toma agua de una botella que siempre carga y si su economía se lo permite compra un paquete de Snacks o algo de comer en las ventas informales que hay en el área. Después de un par de pedidos más y varias horas de espera, miradas de desprecio, agotado por el esfuerzo físico, cansado de la exposición al sol, al frío, a las emisiones de los vehículos, al polvo, Martín irá a casa. No puede trabajar hasta tarde, pues vive bastante lejos del lugar donde hoy se encuentra, y tiene que transitar por zonas inseguras a su regreso.

Martín se despide, se monta en su bicicleta y continúa pedaleando. Mañana será un nuevo camino.

*Martín es el nombre ficticio creado para un personaje que puede ser muy real. Gracias a todos los Martínes por compartir sus historias.

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