LA GIG ECONOMY Y EL REPARTO DIGITAL

Una brevísima introducción

Por: Oscar Javier Maldonado.

En los últimos años se ha puesto de moda la expresión ‘gig economy’ para hacer referencia a las nuevas formas de intercambio comercial y modelos de negocio desarrollados en el marco de nuevas tecnologías de la información y la comunicación. En medios de comunicación y en los discursos de políticos y otros “líderes de opinión” se habla de la gig economy para designar un conjunto muy diferente de negocios, plataformas y emprendimientos: desde las plataformas de reparto como Rappi y Uber-Eats, pasando por plataformas de transporte (Uber, Didi, Beat) hasta servicios de alojamiento como (Airbnb, Expedia) y de intermediación de servicios (Skyscrapper para el caso de tiquetes de avión), los casos diversos y la lista puede ser muy larga. Todos estos ejemplos constituyen plataformas que aprovechan la creciente información digital de diversos sectores como transporte, comercio y consumo para “mediar” entre oferentes de servicios y consumidores alrededor del mundo conectados por internet. Sin embargo a todas estas, ¿qué es la gig economy y como aterrizan las plataformas de reparto dentro de la misma?

Siguiendo el trabajo de Koutsimpogiorgos (un académico de origen griego cuyo apellido es muy difícil de pronunciar) y sus colegas la definición más general de gig economy, o su mínimo denominador, es un conjunto de tareas específicas y predeterminadas  ejecutadas por contratistas independientes por medio de plataformas digitales. Esta definición es el resultado de revisar diferentes plataformas y la descripción legal de sus actividades en diferentes países. Dentro de esta definición hay al menos dos formas en las que las plataformas vinculan trabajadores: mediante la asignación de tareas que trascienden límites territoriales, a través del popular ‘freelance’ (esto es común en la industria creativa y en el mismo diseño del software) y el trabajo basado en la localización geográfica de ciertos servicios como transporte, entregas y trabajo doméstico.

Las plataformas de reparto que operan en el país como Rappi y Uber Eats hacen parte de este segundo grupo en tanto que están organizadas alrededor de la entrega de bienes (en una gran proporción reparto de domicilios de restaurantes) en una localización y en un tiempo específico que son administrados por tecnologías de geolocalización desarrolladas por misma plataforma. Este tipo de negocios se ha venido desarrollando en los últimos 10 años, y empresas como Rappi lo han importado y adaptado a las particularidades de los mercados de consumo y de trabajo en Colombia y América Latina. Muchas veces el resultado ha sido una combinación muy rentable para la plataforma de trabajo precario y precarizado y vigilancia digital de repartidores y consumidores. Autoras como Shoshana Zuboff sitúan la gig economy dentro de un fenómeno más amplio que ella denomina el Capitalismo de vigilancia, su definición para Zuboff es la siguiente:

1. Un nuevo orden económico que reclama la experiencia humana como la materia prima para prácticas comerciales ocultas de extracción, predicción y ventas. 2. Una lógica económica parasitaria en la cual la producción de bienes y servicios está subordinada a una arquitectura global de modificación del comportamiento. 3. Una mutación del capitalismo marcada por concentraciones sin precedentes de riqueza, conocimiento y poder en la historia humana. 4. Un marco fundacional para la economía de la vigilancia. 5. Una amenaza significativa a la naturaleza humana en el s. XXI como el capitalismo industrial lo fue para el mundo natural en el s. XIX y XX. 6. El origen de un nuevo poder instrumental que ejerce su dominio sobre la sociedad y que presenta desafíos enormes para la democracia de mercado. 7. Un movimiento que busca imponer un nuevo orden colectivo basado en la certidumbre total. 8. Una expropiación de derechos humanos críticos que se entiende mejor como ‘un golpe de Estado’ desde arriba: un despojo de la soberanía del pueblo.

Si bien se puede calificar el planteamiento de Zuboff de pesimista, fatalista si se quiere, muchos de estos elementos permiten entender las complejidades de la gig economy y los retos que tienen el relacionamiento de nosotros como trabajadores, usuarios y clientes con estas plataformas y sus infraestructuras de información y vigilancia. En otros espacios espero poder discutir con mayor tranquilidad y profundidad los diversos elementos que entran en escena en la gig economy, los cuales pasan por el desarrollo de marcos regulatorios que protegen la acumulación de información de usuarios y trabajadores como el mayor activo de estas plataformas y la base de sus promesas de valor en los mercados financieros internacionales.

En este espacio sí quisiera explorar un elemento adicional: donde se ubican las plataformas digitales no solo dentro de la gig economy sino dentro del conjunto más amplio de la economía digital. Para esto brevemente me centraré en el estudio desarrollado por Rumana Bukht y Richard Heeks de 2017 titulado: Repurposing digital tool to produce a distant reading of Delivery platforms business models.

El siguiente cuadro resume las dimensiones de la economía digital y el lugar que ocupa en ella la gig economy y las plataformas digitales que han sido identificadas por Bukht y Heeks. El área más amplia hace referencia a la economía digitalizada, esta comprende sectores de la economía real tanto de la industria, el comercio y los servicios que integran tecnologías digitales para su expansión o modernización. Si bien con la pandemia la digitalización de la economía se ha acelerado, dentro de la economía digitalizada, lo digital es un instrumento para el desarrollo de las actividades económicas pero el corazón de las actividades sigue estando fuertemente anclada en el sector real y ‘material’ que define sus negocios. En el otro extremo está la economía de la información y las comunicaciones, un sector mucho más pequeño centrado en la producción de las tecnologías e infraestructuras que hacen posible lo digital: hardware, software, telecomunicaciones, e industria de los datos. En el punto medio, entre estos dos dominios emerge la economía digital.

La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es image

Dimensiones de la economía digital (Reelaboración basada en Bukht y Heeks, 2017)

La economía digital usa las innovaciones desarrolladas por el ‘core’ de la economía TIC para reconfigurar sectores de la economía tradicional como transporte, comercio, servicios personales, educación entre otros. Pero a diferencia de la economía digitalizada la fuente de valor no proviene de estos sectores en sí mismos, sino de la infraestructura digital que sostiene su misma reconfiguración y del trabajo de mediación entre proveedores y consumidores. Lo digital en sí mismo se constituye en la fuente de valor, o al menos en el elemento que sostiene sus promesas de valor. En este espacio se encuentran las plataformas digitales y se pueden situar conceptualizaciones como la sharing economy, aquellos modelos centrados en el “compartir” recursos e infraestructura (como Airbnb o lo que pretendió Uber en sus primeras versiones) y la gig economy.

Si la fuente de valor (económico) de emprendimientos como Rappi, Uber, Wework no está en los sectores mismos que pretenden revolucionar sino en lo digital, emergen muchas preguntas. Las más urgentes serían ¿qué es lo digital? y  ¿esto cómo produce valor? En principio lo digital hace referencia a datos (data) y al valor que tienen y que pueden ser extraídos de los mismos. Las plataformas digitales extraen (cosechan) una importante cantidad de datos de los usuarios y agentes que interactúan con la misma (negocios asociados y repartidores) desde gustos y preferencia asociadas a las compras hechas por los usuarios hasta información geolocalizada de las rutas que siguen sus repartidores, generando datos no sólo sobre el desempeño del repartidor sino también sobre la ciudad misma, tráfico, seguridad, entre otros. El valor económico de esos datos es materia de debate.

En primer lugar, buena parte de las plataformas digitales insignia de la gig economy son emprendimientos que están todavía en fase de desarrollo y dependen de inyecciones de capital de ángeles inversores, al no entrar aún en el mercado de valores, su valoración es altamente especulativa. Incluso unicornios (compañías en desarrollo ‘Start-up’ que alcanzaron una valoración especulativa superior a 1000 millones de dólares) como Rappi no generan utilidades y se especula mucho sobre el momento en el que lo harán. Por otra parte, a pesar de que se hable mucho del valor económico que tienen los datos y la información en sí misma, no es muy claro cómo operaría dicha extracción de valor. Los grandes monopolios de datos como facebook y Google usan “Big Data” ante todo para el desarrollo de estrategias de marketing y publicidad personalizadas, en gran parte dependiendo del gasto de publicidad de otras compañías como su mayor fuente de ingreso. Después del fracaso de Wework, algunos analistas temen que la gig economy pueda ser otra burbuja en la que valoraciones de billones de dólares desaparecen una vez las empresas se ven obligadas a generar ingresos por sí mismas y a satisfacer las expectativas de ganancia de sus inversores.  Solo el futuro nos dirá si la gig economy transformó radicalmente el capitalismo y las formas de trabajo, o si hace parte de los excesos del capitalismo financiero y especulativo, que genera valor en computadores y bases de datos que no corresponde a la materialidad de la vida económica de los mercados y de las personas. 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s